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  • Artist in Residence - Canal+ Skyline

    Broadcast timetable: http://www.plus.es/programacion/skyline/E915437/

    As an artist in residence in the experimental program Canal+ Lab I created a real time visualization to be shown as the continuity signal of its cultural channel, Canal+ Xtra. The result, Skyline, is still showing to viewers what is happening at the online site of the national broadcasting television, plus.es, as well as the user interaction with the site in real time. A new concept in continuity, a screensaver with a life of its own.

    It was featured with a Bronze Laus 2011 international prize from the ADG-FAD design association.

  • Canal+ Skyline: La visualización de datos llega a la televisión

    Text documenting the conceptualization and development of a real-time data visualization broadcasted (2010-present) in a national TV channel, Canal+ Xtra. It was orignally published in The Croopier.

    El mes de julio de 2010 recibí de Canal+ el encargo de proponer y desarrollar una visualización de la actividad generada por los usuarios de su web. Una aplicación que representara la interacción de los visitantes con los contenidos de la página web de la cadena y visualizara sus búsquedas y participaciones en tiempo real, a medida que se iban produciendo en cada momento.

    En un primer momento parecía tratarse de un proyecto en torno a uno de los motivos más recurrentes en la visualización de datos: las estadísticas de pulsaciones y tiempos en redes sociales y comunidades online. La imagen, en resumidas cuentas, que permite escudriñar la actividad invisible a la que nos entregamos a través de todo tipo de dispositivos con cada vez mayor fruición, y que hace públicos e inteligibles a su vez los resultados de técnicas que monitorizan día a día nuestros hábitos en la red para mostrarnos uno u otro anuncio de publicidad, uno u otro resultado de búsquedas, etc.

    El elemento diferencial

    El encargo llegaba sin embargo con un importante elemento diferencial. La imagen generada en tiempo real serviría de carta de ajuste para las horas sin programación de un nuevo canal de la cadena, Canal+ Xtra, dedicado principalmente a contenidos de autor. Se pedía por tanto una visualización como señal de continuidad para unas 10 horas de espacio televisivo todos los días, enchufada directamente al satélite mientras convierte en tiempo real la actividad de los usuarios de la web en protagonista de una señal en antena. Ése era el reto, para el que pronto la cadena descubriría un nombre inspirador: Canal+ Skyline.

    Con apenas mes y medio de tiempo de desarrollo y las semanas de vacaciones del equipo de Canal+ de por medio -estábamos en verano-, con la exigencia de llegar a una aplicación tan estable como para funcionar ininterrumpidamente durante meses, el proyecto sonaba a locura. Pero como es habitual todo depende de cómo se proponen las cosas y de su contexto. En este caso la voz al otro lado del teléfono era la de David Navarro, incansable creador de proyectos audiovisuales y que conocía de cerca mi trabajo con The Croopier, y el escenario, el más que interesante programa de creación y experimentación con nuevos formatos Canal+ Lab. Así, el contexto que se planteaba desde un principio era el de un proyecto de creación: libertad para proponer y disponer tanto la visualización como los ritmos de desarrollo, y todo ello sobre una base de confianza y posibilidad de marcha atrás; condiciones inmejorables, en resumen, para arriesgarse e inventar.

    Visualización

    Dejar que los datos hablen es una regla de oro en todo proyecto de visualización. Pero esta particular forma de escucha tiene un problema: hay que descubrir también las claves de su gramática para entender lo que están diciendo. Hay que experimentar con ellos, manipularlos e ir descubriendo paulatinamente grupos y relaciones que servirán después como base para la visualización.

    Una exposición muy clara y progresiva de este proceso y de algunas herramientas que pueden ayudar para llevarlo a cabo la proporciona el artista y diseñador norteamericano Ben Fry en su ya clásico Visualizing Data publicado por O'Reilly Media. Tal y como éste lo expone, el ciclo de una visualización consiste esencialmente en un proceso compuesto por un conjunto de fases claras y diferenciadas: delimitar en primer lugar el origen de los datos -cuáles nos interesan, dónde se encuentran-, construir un parser con el que recibirlos y utilizarlos, a continuación filtrarlos y procesarlos a base de algoritmos diseñados específicamente para ello y, finalmente, diseñar y desarrollar su apariencia visual.

    El punto más interesante es que estas distintas fases no tienen por qué sucederse una tras otra en el tiempo. Pueden abordarse paralelamente de forma que durante su desarrollo puedan verse afectadas las unas por las otras, en un proceso de lo más fructífero tal y como puede comprobarse en esta excelente introducción por parte del artista canadiense Jer Thorp.

    Trabajar de este modo es posible si se cuenta con un entorno de programación que permita de forma ágil y sencilla corregir, volver sobre nuestros pasos o probar rápidamente nuevas fórmulas. La plataforma open source Processing es sin duda la herramienta perfecta para esta forma de creación, y ha sido de hecho la empleada durante todo el desarrollo de este proyecto. Y no sólo la herramienta: la filosofía de hacer evolucionar un algoritmo desde sus formas más simples a las más complejas; un modo de proceder que tiene tanto que ver con un método como el de reducir y simplificar, elegantemente sintetizado por John Maeda en su libro The Laws of Simplicity, como con la estrategia de la continua remezcla, el copia y pega característico de los mundos editables y modulares, el modo Lego, en definitiva, de construir por bloques.

    El primer contacto con los datos

    Las dos primeras semanas del proyecto estuvieron dedicadas exclusivamente a la toma de contacto con los datos. La extraordinaria oportunidad de trabajar directamente con los responsables de la generación de estadísticas de una web como la de Canal+ permitió que estableciéramos desde el principio un formato ágil para los archivos de datos que pudiera por un lado ser fácilmente generado por un proceso automático y, por el otro, que pudiera ir recogiendo más conjuntos de parámetros a medida que los fuéramos necesitando.

    Un usuario de un sitio web va dejando un rastro en las estadísticas del servidor a medida que va pinchando en uno u otro enlace durante su navegación. Los datos de estas estadísticas consisten esencialmente en series de contenidos (información sobre películas o series, búsquedas, etc) conectados por rutas de navegación de los usuarios. Un caudal de datos ordenados por navegaciones individuales cuya primera representación apareció ante nosotros de esta forma:

    En este vídeo, una selección de los contenidos consultados por los usuarios es mostrada tal y como van apareciendo en los archivos de estadísticas del servidor web del canal. En líneas horizontales se apilan los contenidos recorridos durante la navegación de un usuario, de forma que cada nuevo usuario da lugar a una nueva línea horizontal. Esta fue la primera visión de esta corriente de datos, una secuencia de información que había que traducir a una experiencia visual más fácilmente interpretable.

    En el vídeo cada uno de los contenidos aparece ya revestido de un color que lo pone en relación con el resto de contenidos. Con cada color estábamos señalando la pertenencia del contenido a un género o tipo, buscando así encontrar grupos con los que poder empezar a clasificar y diferenciar cada una de las consultas de los usuarios. Agrupar es una primera operación fundamental a la hora de buscar relaciones y patrones en el conjunto informe de datos de origen. Conseguir encontrar categorías adecuadas que cataloguen los datos y que desvelen a su vez algunas de las lógicas subyacentes a su generación es casi recorrer la mitad del camino hacia su visualización.

    En nuestro caso, puesto que los datos de origen eran referencias a contenidos televisivos que contaban ya con su propia catalogación de género, este proceso de categorización quedó simplificado en gran medida: todos los esfuerzos se concentraron en averiguar el conjunto de géneros principales con los que significar a partir de un código de colores el conjunto de la actividad registrada. La técnica de visualización por TreeMaps (recurriendo para implementarla a la librería desarrollada por Ben Fry) y la superposición de rutas de navegación sobre estos mapas empezaron a revelar qué géneros articulaban el grueso de la actividad. La corriente de información comenzaba a dibujar formas.

    Rutas de navegación

    Además de los tipos de contenidos de origen y su relación con la actividad total, un paso importante en el desarrollo de la visualización consistió en el análisis cualitativo de las rutas seguidas por los usuarios durante su navegación. Esto es, se trataba de adquirir respuestas aproximadas a la pregunta de si se caracterizaban por algún tipo de propiedad común las navegaciones seguidas por los usuarios del sitio online del canal.

    Una de las formas más interesantes de abordar esta cuestión proviene de una analogía con la biología que ya ha sido empleada con anterioridad. Imaginemos las conexiones entre dos contenidos de la web como enlaces vivos que nacen y desaparecen según haya usuarios recorriéndolos o no. Esto es, si modelamos la web como un organismo de conexiones vivas cuyos enlaces más activos sobreviven frente a los que apenas son empleados por los visitantes, tendremos una visión en tiempo real de los movimientos de los usuarios desde la perspectiva de sus rutas seguidas, donde aquellas más habituales destacarán sobre las menos seguidas. La técnica de este experimento, expuesta con más detalle en el libro ya mencionado Visualizing Data, fue empleada por primera vez en el proyecto Anemone, y su aplicación en nuestro caso sirvió para averiguar propiedades cualitativas con información relevante de las navegaciones de los usuarios.

    Los resultados saltaban a la vista; además de las rutas esperables, tales como el papel distribuidor de la actividad ejercido por la portada como las conexiones entre el buscador y los resultados de la búsqueda, con esta representación se hacía evidente una característica importante de los movimientos de los usuarios por la web del canal: gran parte de las rutas aparecen separadas por géneros. Esto es, los usuarios que en un momento consultan la sección de deportes no son los mismos que en ese momento están visitando series o películas con su navegación. O lo que es lo mismo, en el interior de la trama de búsquedas y rutas de usuarios sobresalen las navegaciones guiadas por inclinaciones previas: disposiciones tales como la adicción a una serie, la afición a los deportes o el disfrute del cine en general.

    Tras esta constatación era inevitable pensar en el espacio que se encuentra en el origen de gran parte de las rutas que allí tienen lugar. Un suelo de afectos, adicciones y curiosidad por saber más, previo a la navegación. Hablamos, naturalmente, del espacio de la televisión, una conexión ya construida entre los contenidos protagonistas de la web y sus usuarios, puesto que sin duda alguna estamos relacionados con los contenidos que consumimos. Y este espacio de relación es, por otro lado, desencadenante de unos patrones de actividad característicos que pueden ser apreciados a partir de nuestros movimientos en la red, una actividad que nace de la vinculación entre espectadores y contenidos más allá del consumo.

    Este fue ese punto en el que se empieza a tocar algo de lo que se está buscando; habíamos dado con el suelo sobre el que tenía que apoyarse el conjunto de la visualización: una trama de relaciones contraídas reflejándose continuamente en las rutas de los usuarios. Sobre este espacio de relación construiríamos el resto de la visualización.

    Representación de los contenidos

    (...) No comprendo cómo puedes avistar una ciudad, pues yo sólo veo algo desde que me lo indicaste y no son más que algunos contornos imprecisos en la niebla”. La cita de Kafka, trampolín desde el que arranca su vuelo la intensa novela del uruguayo Mario Levrero sobre la incertidumbre, La ciudad, dibuja nítidamente el escenario en el que nos emplazamos en el proyecto una vez que la metáfora de ciudad, esencial para su desarrollo, empezó a dirigir el rumbo de la visualización. Frente a otros modelos muy elocuentes pero más abstractos como los propuestos en un inicio por la cadena, la imagen de una ciudad de contenidos se antojaba especialmente idónea para poder cubrir durante tantas horas el relato de la actividad online en tiempo real. En momentos de decisión como éste la libertad de creación es fundamental: permite arrancar nuevos caminos que de otro modo, a ciegas, no hubieran sido emprendidos.

    Los contenidos en la web, en la nube, compiten entre sí en un mundo gobernado por la atención. Se condensan en la pantalla del usuario para evaporarse después en un espacio de bases de datos, cachés y directorios temporales. Son construcciones que se elevan y desmoronan continuamente, para las que las nociones de posición y distancia pierden todo su sentido, pues en todo momento cada uno de los contenidos se encuentra a apenas dos o tres clicks de separación.

    Su capacidad de ubicarnos, sin embargo, su función como hitos en un espacio en el que compartimos experiencia y, consecuentemente, memoria y expectativas, los sitúa en un todo tan coherente y sólido como lo puede ser una ciudad para cualquiera de sus habitantes. El contenedor de un mundo cambiante, y el desencadenante de experiencias concatenadas.

    A la hora de representar este equilibrio dinámico entre lo que construye una referencia compartida y lo que se disuelve por el arbitrio de la atención, los recursos visuales de la nueva imagen corporativa de Canal+, creada por la agencia Red Bee Media, aportaron ideas muy valiosas para comenzar a trabajar en tanto que desarrollaban un sentido similar de composición y agregación característicos de lo virtual y digital. Las primeras pruebas de construcciones con cubos como píxeles de color en el espacio que levantan continuamente estructuras proporcionaron resultados esperanzadores, que de hecho se mantuvieron hasta el final del proyecto.

    Gracias a estructuras dinámicas como éstas pudimos pensar en materializar la comparación entre un contenido de la web del canal con un edificio en la visualización. Cada una de las páginas con información sobre contenidos de la televisión sería representada mediante un edificio cuya altura vendría dada aproximadamente por el número de visitas recibidas durante los últimos minutos. Estas alturas, por tanto, variarían dinámicamente en función de las páginas que estuvieran siendo visitadas por los usuarios de la web en ese momento.

    Visualizar de este modo el conjunto de la actividad significa entonces construir una ciudad compuesta por edificios que se corresponden con las páginas vistas por los usuarios en tiempo real. Con la indicación del tipo de contenido -serie, película, deportes, etc.- mediante el código de colores que hemos comentado más arriba, una vista panorámica de esa ciudad proporciona ya información directa sobre qué es lo que está recibiendo más atención en ese momento.

    Un algoritmo ponderador, que pasó a llamarse “algoritmo vida” en tanto que encuentra la “vida” de cada página en relación a la del resto, es el que decide en cada momento la altura que tiene cada uno de los edificios de la ciudad. Similar en su concepción al que establece el orden de los resultados de una búsqueda realizada por un motor como el de Google, este cálculo tiene en cuenta no sólo el número de visitas que recibe cada página, sino el tipo de contenido que ésta muestra más el conjunto de contenidos que está siendo expuesto en la visualización en ese momento. Cada contenido recibe de este cálculo un parámetro que es el empleado como altura en la representación. El algoritmo decide, además, si un contenido puede pasar a ser representado por varios edificios a la vez; tiene “hijos” cuando su actividad supera un umbral, por decirlo de forma sencilla, esto es: cuando supera un volumen de visitas aparecen más edificios con su imagen. Con estos ingredientes, nuestra ciudad es interfaz ya tanto de los momentos de equilibrio en las consultas habituales a la web por parte de sus usuarios, como de los fenómenos masivos propios de la comunicación:

    Visualización del efecto en las visitas de canal+ de la entrevista de Robinson a Mourinho

    A través de los edificios y de las capacidades del algoritmo, la información contenida en los servidores es recodificada en un lenguaje visual que tiene una mayor capacidad expresiva a la hora de ser mostrada en una pantalla de televisión. Reforzar esta capacidad a través del movimiento de la imagen fue sin duda una de las apuestas cruciales de cara a la representacion final. Ésta consistió en el desarrollo de un sistema de cámaras virtuales que van recorriendo el espacio de la ciudad continuamente y desde distintas perspectivas: movimientos de helicóptero, por un lado, cámaras a pie de calle, por el otro y, finalmente, una cámara fija y estática para obtener panorámicas de la ciudad.

    Por otro lado, aquellas páginas que no presentan directamente información de un contenido televisivo, páginas intermedias o de servicio como pueden ser los formularios de contacto, participan también en el paisaje de Skyline. Aparecen como edificios blancos cuya misión, al jugar con el fondo blanco de la ciudad, consiste en ocultar y mostrar continuamente el espectáculo de la actividad. Gracias a estos y a su efecto con los movimientos de la cámara, la continua actividad de Skyline aparece y desaparece: el mundo inmaterial de la atención queda así escenificado en esta ciudad dinámica que sólo termina de construirse en la mirada del espectador.

    Avatares

    Aunque no hubiera habitantes en la ciudad, los espectadores los construirían con su mirada. Inevitablemente nos proyectamos en los espacios que contemplamos. Por eso, y dado que en Skyline los usuarios de la web pasarían a ser representados como paseantes de la ciudad, su diseño tenía que ser capaz de recoger este impulso hacia la proyección e identificación de todas las miradas de los espectadores. El trabajo de creadores contemporáneos en torno al lenguaje de los iconos nos servía de referencia. Así, los célebres retratos de Julien Opie y sus conocidas obras para pantallas de leds actuaron como indicadores de posibles caminos. El movimiento y la abstracción de creaciones tan originales como la representación de los usuarios de twitter como manifestantes nos proporcionaron también claves importantes.

    En este apartado tan destacado del proyecto fue decisivo contar con la colaboración de Pablo Jiménez, artista visual cuyo trabajo en ilustración ya conocía. Tras un gran número de bocetos y pruebas de animación, logramos encontrar al personaje de silueta suficientemente abstracta y asexuada cuyos movimientos replicaran, por otro lado, el paso natural de una persona caminando con apenas unos pocos frames como referencia. De este laborioso proceso resultó una hoja de posturas (sprites) con la que, a partir exclusivamente de los dibujos del personaje en distintas posiciones crearíamos una representación totalmente funcional en un mundo 3D.

    Extracto de la hoja de sprites empleada en Canal+ Skyline realizadas por Pablo Jimenez en el proyecto de The Croopier

    La técnica para animar a un personaje a partir de una hoja de posiciones es sobradamente conocida en el mundo de los videojuegos. A partir de una librería que proporciona esta funcionalidad a Processing para gráficos 2D, desarrollamos un código que implementaba esta técnica para representaciones en tres dimensiones. Escogiendo qué imagen mostrar en cada momento de la hoja de posturas, según la posición del personaje y de la cámara y dibujándola en la pantalla en un plano siempre paralelo al de la cámara (una técnica llamada billboarding), logramos introducir en nuestro mundo una representación de los usuarios caminando tal y como la representación de la actividad hasta ese momento parecía sugerir.

    Además de pasear por rutas calculadas como las más transitadas en cada momento, los personajes -puesto que representan cada uno a un usuario conectado en la web- hablan mediante bocadillos. Y lo hacen para anunciar su nickname, sus búsquedas o los concursos en los que están participando. Así, puede darse el caso de que alguien viendo Skyline en Canal+ Xtra encuentre a su avatar caminando por la ciudad, si es que ha estado previamente conectado a la web de la cadena. Con los avatares abrimos un espacio de representación que todavía hemos de explorar, es una vía abierta a futuros desarrollos. Por ahora los avatares se presentan a sí mismos; en un futuro, ¿que más podrían hacer?

    La conexión y el lanzamiento

    Alguien que como yo se dedique al terreno mutante de la creacion digital puede estar acostumbrado a montajes en salas de exposición, a instalaciones en servidores remotos o a desarrollos para plataformas experimentales de televisión. Sin embargo, difícilmente estará preparado para la impresión que provoca el descubrir un ordenador propio en un rack de una inmensa sala de máquinas o el tener que instalar el software en el interior de una habitación de continuidad de la televisión. Las múltiples pantallas con imágenes del resto de la programación del canal, la mayor parte de ellas provenientes de vídeos previamente codificados, construyen muros de emisión continua y sin interrupciones... ¿hasta qué punto la señal generada por un ordenador y a partir de datos de estadísticas ubicados en una red interna puede producir en tiempo real una sucesión de imágenes semejante? La unión de estos dos universos es un camino que apenas estamos empezando a recorrer.

    Lo mejor de todo es que funcionó. Tras su lanzamiento a mediados de octubre, cada noche, y hasta las 12 de la mañana del día siguiente, Skyline produce y muestra en la pantalla sin interrupciones el recorrido de la actividad que ha tenido lugar en la web del canal unas horas antes -visualiza la actividad de las horas del día-. No hay razón técnica que garantize su rendimiento ni el ritmo al que hemos desarrollado la aplicación. Probablemente la explicación se encuentre en el apoyo constante del grupo de profesionales de Canal+ que no han dejado de colaborar con The Croopier para que el proyecto saliera adelante. En cualquier caso, el mundo de mundos que es la televisión cuenta con una nueva criatura. Que la disfruten.

  • Wikileaks: Verdades secretas, mentiras oficiales (in colaboration with Antonio Lafuente for Fronterad)

    This piece (Spanish only) was published originally in the magazine Fronterad, in collaboration with Antonio Lafuente

    No es el título de una película de Hollywood con final feliz en el que triunfan la democracia y el periodismo. Es el último capítulo de la quijotesca Wikileaks. Las verdades secretas de Estados Unidos, reveladas esta semana por esa organización, vuelven a dejar al desnudo las mentiras oficiales de Washington y descubren sus tejemanejes con los Gobiernos de todo el planeta, incluido el de Madrid.

    Pero en su onda expansiva, las verdades secretas van más allá de las mentiras oficiales. También exponen a la luz las mentiras oficiosas, las de quienes dicen defender una prensa libre para, luego, cuando al fin se ejerce, pedir abiertamente el asesinato del fundador de Wikileaks, Julian Assange, como ha hecho un asesor del Gobierno canadiense.

    Si en anteriores ocasiones, el trabajo de Wikileaks revelaba las íntimidades del Pentágono, esta vez, la filtración de 220.000 cables diplomáticos, censurados por el sello confidencial, ha permitido conocer cómo piensa y cómo actúa la diplomacia estadounidense.

    Muchas de esas revelaciones ya se conocían. Eran secretos a voces. A veces porque habían sido noticias publicadas, otras porque eran sospechas y rumores que, a fuerza de escucharse en los pasillos de la ONU, se iban confirmado cotidianamente, como el uso interesado que Estados Unidos hace de la ayuda al desarrollo: Tú me guardas unos presos de Guantánmo yo te doy tres millones de dólares en programas de cooperación internacional, según ofreció al archipielago de Kiribati.

    En la última hornada de Wikileak, ha habido revelaciones que han sido, como se lee en los despachos cruzados entre Washington, Moscú, Buenos Aires y Madrid, más inocuas que otras veces, más de andar por casa y que han mostrado, simplemente, la falta de tacto a quienes se les presupone por oficio: Que si el presidente ruso es un macho alfa, que si cómo está de la cabeza la presidenta de Argentina, que si el presidente del Gobierno español tiene ideas trasnochadas. Nada grave, ni siquiera para los ingenuos.

    Pero también ha habido revelaciones serias. Entre ellas, el intento de convertir a los diplomáticos estadounidenses en espías, como deseaba, no el director de la CIA, sino la propia jefa de la diplomacia norteamericana, Hillary Clinton. Los cables confidenciales también muestran que, metida en faena, pidió espiar, incluso, al secretario general de la ONU, Ban Ki Moon. Ese tipo de labores de espionaje está prohibido por los tratados internacionales pero, la verdad, es que tampoco parece nada grave, al menos para los espiados, porque nadie ha protestado.

    Incluso, ha habido revelaciones sobre actos mucho más graves, tanto que son invitaciones directas al delito. Como la petición hecha al Gobierno de Madrid para que, con nocturnidad y alevosía, metiera a un sospechoso de tráfico de armas en un avión a las tres de la mañana. Aunque este secreto no es nada por lo que los cínicos vayan a rasgarse las vestiduras. El avión no salió. ¿Cuál es el escándalo?

    El descubrimiento de las verdades secretas de Washington incluye los tejemanejes con sus aliados en todo el mundo y señala, por ejemplo, que algunos ministros del Gobierno español "trabajaban" para intentar cerrar el caso abierto por la muerte del cámara de Telecinco José Couso, tras el disparo de un blindado estadounidense al hotel en el que se alojaba la prensa durante la invasión de Irak. Nada grave, salvo para Couso, su familia, los periodistas españoles y algún que otro voluntario.

    Muchas de esas revelaciones ya se sabían, como han destacado algunos ex dirigentes políticos, así que las filtraciones de Wikileaks, en realidad, han dado a conocer poca cosa a los enterados y a los que ya sabían cómo funciona el mundo.

    Sin embargo, para los que se las dan de menos duchos, la información en cadena y a escala planetaria sí ha permitido una vista panorámica sobre cómo actúa la diplomacia del país militarmente más poderoso de la Tierra.

    Los documentos de Wikileaks serán así una gran fuente para los futuros libros de Historia, para conocer quiénes eran aliados, quiénes enemigos, a quién se premiaba y a quién se castigaba, cómo se negociaba, cuáles eran sus intereses y qué recursos naturales buscaban los Estados Unidos de América.

    Lo sorprendente es que esa cantidad de información, tan importante para la Historia, tiene de momento pocas implicaciones en el presente. Para la diplomacia norteamericana no parece, de momento, que mucha. Más allá de algún dirigente enfadado por cómo se refieren a él los enviados de Washington, nadie, ni siquiera la ONU, ha hecho una protesta formal.

    Y si las revelaciones de Wikileaks no generan quejas fuera de Estados Unidos, parece que menos las van a crear dentro. De momento, no se ha oído una sola disculpa, menos aún se ha hablado de una dimisión.

    Claro, que no debería sorprender. Tampoco hubo grandes protestas fuera, ni disculpas o dimisiones dentro, cuando Wikileaks reveló los documentos del Pentágono, esos que mostraban que 66.081 civiles habían muerto en la guerra liberadora de Irak frente a tan sólo 23,984 enemigos y esos que revelaban el uso extendido de la tortura y el asesinato por parte de las fuerzas del democratizado Estado iraquí.

    A partir de ahí, empieza el mundo al revés. Como no hay nada grave en el comportamiento de Estados Unidos y sus aliados (el mundo está bien como está) lo grave ha de ser el comportamiento de Wikileaks que intenta perturbar la paz en la que dormimos las sociedades occidentales.

    Esa ha sido la estrategia de Washington desde las primeras filtraciones. Sean bobos, no observen la luna, miren el dedo que la señala. Y así, cuestionando los motivos y la agenda oculta de Wikileaks, ha terminado siendo esta organización la que, según Hillary Clinton, ha lanzado "un ataque a la comunidad internacional". Nada menos.

    Para ella y su jefe, Barack Obama, quien realmente, "pone en peligro las relaciones entre los distintos países" es Wikileaks. Y aún más: Wikileaks es "quien pone en peligro la vida de las personas". Algo, por fin, que ya sí es muy grave para los cínicos.

    Ahí está, por ejemplo, Thomas Eugene Flanagan, asesor del conservador primer ministro canadiense, Stephen Harper, dictando su particular fatwa contra Assange desde el minarete de una cadena de televisión estadounidense: Hay que asesinar a Assange dice con total impunidad hasta del periodista que le pregunta. Ahí está la musa de la ultraderecha estadounidense, vestida de Tea Party, Sarah Palin, pidiendo que se encarcele a Assange a toda costa. Y ahí está un senador republicano que ha pedido incluir a Wikileaks en la lista de organizaciones terroristas.

    Curioso razonamiento. Lo peligroso no es pedir en televisión ir asesinando a las personas sino usar la nueva prensa universal para revelar al planeta que los Gobiernos nos están mintiendo y que el mundo en el que vivimos no es realmente el mundo en que vivimos. Periodismo en estado puro.

    No es de extrañar el éxito de Wikileaks frente al declive de los medios de comunicación que, en lugar, de hacer lo mismo, se han dedicado durante años a tapar y a cubrir esas mentiras cuando las conocían.

    Y aún lo siguen haciendo. Hasta el mismísimo New York Times, que publica las revelaciones de Wikileaks, intenta parar los golpes. Si cuando se conocieron las torturas de las fuerzas iraquíes, el periódico dijo "peor estaban antes", ahora asegura que lo mejor de las nuevas revelaciones es que muestran que el Gobierno de Obama lo está haciendo bien y no ha cometido errores graves.

    Malos tiempos para las revelaciones; nada hay más inútil que gritarle a un sordo.

    Ni más peligroso. Las revelaciones de Wikileaks y las amenzas contra Assange coinciden con las órdenes cursadas a Interpol para que dé la máxima prioridad a su captura como presunto autor de abusos sexuales. Una captura solicitada por Suecia.

    Nada es gratuito o todo es casualidad. Suecia era el país que iba a ser sede permanente de Wikileaks por sus facilidades para la cobertura de fuentes y la práctica del periodismo.

    El problema es que tras las revelaciones de Wikileaks todo está bajo sospecha: ¿Habrá alguna organización que en el futuro revele la existencia de cables diplomáticos en los que se pedía la fabricación de acusaciones contra Assange?

    A fuerza de tanta mentira, la Tierra se ha vuelto de nuevo plana.

    Antonio Lafuente

    UN UNIVERSO DE DATOS ANTERIOR A LAS FILTRACIONES

    Mucho más por encontrar: el cablegate como una mina de datos

    Hace unas semanas la administración británica anunció que todos los gastos públicos superiores a 25.000 libras serían comunicados y puestos a disposición de todo el mundo a través de su plataforma electrónica de datos, data.gov.uk. Mientras se lanzaba esta iniciativa a los medios, uno de sus asesores, el físico y fundador de la web Tim Berners-Lee, reflexionó a su vez sobre una de las implicaciones que en una democracia supone este nuevo paso por parte de los agentes públicos: el periodismo del futuro tiene que ser capaz de analizar de forma ágil cantidades ingentes de datos telemáticos. Esto es, tiene que dar lugar a herramientas y conocimientos con los que, independientemente de los expertos en bases de datos, poder tratar y trabajar este formato cada vez más habitual de comunicación de la información.

    La idea no es nueva, y para aquellos que han defendido en otros momentos la incorporación de estas formas de lectura del presente a través de técnicas que facilitan el acceso a volúmenes ingentes de datos, la cuestión no consiste en reemplazar unas prácticas periodísticas por otras, sino más bien en ampliar los recursos disponibles gracias a esta verdadera avalancha de información electrónica. Se trata de incorporar la capacidad de vislumbrar patrones, relaciones o cadenas lógicas escondidas en el interior de los registros, estadísticas o colecciones de documentos y de esa forma interpretar y trasmitir mejor la actualidad, que no es más que una parte de la realidad. Aprovechar en definitiva las posibilidades que se abren cuando los datos son accesibles también cuantitativamente, con el fin de buscar con ellas nuevas radiografías de lo que ocurre a nuestro alrededor.

    Una de las técnicas que más ha destacado estos últimos años a la hora de mostrar el orden y la complejidad de estas fuentes ha sido la visualización de datos -que con más detalle ha sido expuesta y contextualizada en este artículo de fronterad-. Una práctica, a caballo entre la infografía y el diseño de entornos interactivos, que apuesta por trasladar al receptor la responsabilidad de interpretar las relaciones entre los datos, a base de concentrar los esfuerzos en reflejarlos de la forma más clara y atractiva posible.

    Pese a compartir el objetivo de proporcionar una imagen global -una big picture- y permitir lecturas más profundas, los trabajos en este campo no terminan en historias cerradas, sino en herramientas que más bien buscan captar la curiosidad del lector para que se transforme él mismo en explorador, descubridor e intérprete de las tramas en los conjuntos de datos. A veces estos trazos culminan en la generación de una imagen a partir del tratamiento que se ha hecho de los archivos mediante el ordenador. La espléndida capacidad del cerebro de reconocer patrones es quien completa su lectura, como en el caso paradigmático de Wordle, la aplicación que ofrece de un vistazo al espectador tanto el tema y tratamiento de un texto como algunas de sus características. En otras ocasiones, la visualización proporciona una interfaz interactiva con la que el usuario puede explorar los datos y hallar por sí mismo los aspectos llamativos o los más ocultos en las estadísticas o datos en cuestión. Véase como recomendación el tratamiento del New York Times de la evolución del desempleo durante el 2009: como si de un juego se tratara, enseguida acaba uno combinando unas con otras opciones, pensando en voz alta de esta forma a través del movimiento.

    Visualizaciones del cablegate de WikiLeaks

    En el caso de las filtraciones de transmisiones de la diplomacia norteamericana publicadas por WikiLeaks, los 250.000 documentos subidos a internet constituyen un verdadero alud de datos particularmente indigesto, especialmente para quienes quieran hallar en ellos una lectura nueva y global de la política de la todavía primera potencia mundial. Tanto la particular naturaleza de los documentos como la estrategia de haberlos ofrecido en primer lugar a cinco periódicos (The New York Times, The Guardian, Le Monde, El País y Der Spiegel) propician la lectura a cuentagotas a la que estamos asistiendo. Si bien la mayoría de las comunicaciones tiene un valor indiscutible, si pasáramos por alto la posibilidad de analizar en su conjunto esta gran bolsa de nombres, lugares y coordenadas perderíamos una oportunidad de retratar los mecanismos a gran escala que permiten el tipo de prácticas y comentarios que van surgiendo en los documentos sacados a la luz.

    Hasta ahora, el tratamiento del total de los datos por los distintos medios que se han atrevido a ello no ha hecho más que comenzar a recorrer la superficie de los mismos. Los documentos del cablegate son mensajes con remitente -generalmente una embajada-, destinatario -la mayoría de las veces Washington-, fecha, cuerpo del mensaje y una serie de etiquetas que especifican su nivel de confidencialidad y las categorías temáticas a las que pertenecen. Las visualizaciones aparecidas hasta la fecha están permitiendo explorar apenas agrupaciones de los mismos -esto es, lugares, fechas, categorías...- sin acceder sin embargo a establecer relaciones entre los contenidos de los mensajes. Las limitaciones técnicas de la entrega masiva de los archivos a tantos receptores interesados ha retrasado sin duda el momento en el que hemos podido disponer todo el mundo realmente del conjunto de documentos publicados.

    El acceso más detallado a los datos lo proporciona la interfaz interactiva de The Guardian, que no presenta sin embargo demasiados alicientes visuales para explorar el índice de documentos y tampoco extraer alguna conclusión del conjunto de los mismos. Es el acceso más cómodo a la base de datos, pero sólo eso. Der Spiegel, con un lenguaje visual habitual en infografías -tales como las de El País o The Guardian a propósito del filtrado-, ofrece ya una visualización geográfica en la que por fechas y por zonas podemos identificar momentos y zonas de especial intensidad de estos envíos de información. El propio equipo de Wikileaks, finalmente, y de nuevo el más que activo departamento de análisis de datos de The Guardian, han puesto también a disposición de los internautas los datos ordenados en la presentación habitual de diagramas de barras y hojas de cálculo: números útiles, con los que se puede trabajar, pero menos seductores.

    La visualización que acompaña este artículo persevera en la misma línea de agrupar ordenadamente el índice de documentos del cablegate. A diferencia de las anteriores, el punto de partida de ésta consiste en la demarcación visual de las categorías que han protagonizado los envíos de información desde cada una de las sedes diplomáticas emisoras. El usuario puede preguntar de esta forma qué embajadas han sido las que han proporcionado más información sobre unos temas u otros, y recuperar de esta forma la imagen de los puntos calientes en el mundo a la hora de indagar sobre una gran variedad de asuntos. Sirvan de ejemplo las preguntas sobre la energía (Ankara > Nueva Delhi > Moscú), comercio exterior (Pretoria > Hanoi > Ankara) o petróleo y gas natural (Ashgabat > Lagos > Baghdad).

    Abelardo Gil-Fournier

  • Videojuegos y visualización de datos. El juego como marco conceptual de la innovación [VIDEO]

    Video of a conference held in EOI (School of Industrial Organization) in 2010 on the relationship between games and data visualization (Spanish only).

    Desde el juego de la ruleta como un subproducto de las investigaciones de Blaise Pascal al World Game de Buckminster Fuller, pasando por su analogía con el motor durante el fin-de-siècle y los comienzos del s. XX, el juego ha funcionado como expositor y concentrador del mundo técnico más avanzado y seductor de cada momento.

    En un contexto como el presente donde conjuntos de datos cuantitativos traducen y descifran cada vez más experiencias individuales y colectivas, los juegos aparecen nuevamente como un instrumento con el que descubrir las pautas y los límites de esta condición numérica. El juego con lo real, sin embargo, produce espejismos. Desde este punto de vista el papel del jugador será núcleo y frontera de toda visualización de datos.

    Frédérique Muscinesi